domingo, 25 de julio de 2010

PRESENTACIÓN

PRESENTACIÓN

“Cada hombre, cada persona humana
es el fruto de una creación colectiva
y es también
la síntesis de su pasado.”

(Julio Castro, desaparecido en Montevideo el 1° de agosto de 1977.)



El 18 de octubre de 2002 tuvo lugar por primera vez en Uruguay el procesamiento y la prisión de un integrante de la dictadura cívico militar, el doctor Juan Carlos Blanco, ex ministro de Relaciones Exteriores de la dictadura, por su responsabilidad en la desaparición de la maestra Elena Quinteros.
El hecho puso de manifiesto, especialmente para quienes fuimos compañeros de Elena y de su madre Tota Quinteros, la necesidad de documentar la larga lucha contra la impunidad desarrollada en torno a lo que se ha dado en llamar el “caso de la maestra Elena Quinteros”.
Esa necesidad ha sido compartida por distintas personas que acompañaron el proceso de elaboración de este libro, al que contribuyeron con su generoso aporte.
Dos importantes hechos posteriores se convirtieron también en motivos que nos impulsaron a concretar este trabajo: La libertad provisional concedida a Blanco y la elaboración de un informe por parte de la Comisión para la Paz que pretende cerrar las acciones judiciales al declarar muertos a los desaparecidos.
Cuando en los últimos meses de 2002 comenzamos la redacción de este texto, los hechos que reseñamos estaban en pleno proceso de desarrollo. A mediados de 2003, cuando se cumplían 27 años de la desaparición de Elena, decidimos poner un límite a la incorporación de nuevos acontecimientos que, obviamente, se siguen produciendo. El libro tiene un final, pero no lo tiene la lucha por verdad y justicia que acompañó el drama de Elena. Y está bien que así sea. El tema merece muchos trabajos, muchos libros.
La materialización del terrorismo de Estado que fue el secuestro y la desaparición de Elena Quinteros fue acompañada de una larga trama de complicidades y omisiones que hasta hoy han impedido que la verdad y la justicia se puedan concretar. Lo que la dictadura llamó “caso Venezuela” es sin ninguna duda emblemático; sin embargo, es aún insuficiente lo que se ha escrito sobre éste, así como sobre otros casos. Seguramente una de las dificultades para hacerlo radica en que las acciones de terrorismo cometidas desde el Estado han contado, tanto para cometer el delito como para ocultarlo, con todo el andamiaje que el Estado tiene a su servicio. En muchos casos la información, como la que hizo pública la Comisión para la Paz, contiene verdades a medias. Versiones que apuntan a oscurecer aspectos esenciales de los hechos. Lamentablemente debemos concluir que el Estado pos dictadura poco contribuyó a arrojar luz sobre esos aspectos del pasado.
El escritor uruguayo Ignacio Martínez publicó en 1993 el libro “Tiene la palabra Tota Quinteros”, que recoge testimonios invalorables de la madre de Elena. Junto a muchos otros aportes testimoniales y documentales, esta obra ha sido fundamental para nuestra reconstrucción del caso.
Nuestra intención apunta a reseñar el complejo tejido de hechos que han acompañado al reclamo de verdad y justicia hasta nuestros días. Esperamos contribuir, con su documentación, a que las generaciones futuras y aun aquellas que viven hoy junto a nosotros dispongan de elementos que les permitan acceder a una parte poco conocida de nuestro pasado reciente. Elena Quinteros perteneció a una generación de la cual muchos hoy integran las listas de desaparecidos, de las víctimas del terrorismo de Estado. Todos ellos fueron, junto con Elena, para nosotros un ejemplo y un desafío.
Seguramente, abarcar los distintos aspectos implicados en esta historia requeriría un esfuerzo realizado con más tiempo, contando con otros datos testimoniales y sobre todo con más profesionalidad. Este es sólo un aporte realizado desde nuestra condición de militantes comprometidos en la lucha por los derechos humanos.
Los testimonios recogidos durante todos estos años, los relatos de quienes fueron sus compañeros, los documentos que se encuentran en distintas causas judiciales, la información existente en la prensa de la época y sobre todo los archivos del Partido por la Victoria del Pueblo y los de la propia Tota nos permitieron establecer la urdimbre de este relato. La trama debió ser aportada por los autores. Mientras tanto, la sociedad espera que sobre estos y otros hechos que constituyen el capítulo uruguayo del Plan Cóndor el Estado cumpla con su obligación de establecer la verdad histórica.
Ante la tumba que guarda los restos de Tota, sus compañeros colocaron una placa en la que se lee: “Supo encender el amor. Supo vencer el miedo. Supo enfrentar el dolor y, lo más importante, nos hizo creer en la esperanza”. El presente trabajo, que recoge el ejemplo de vida de dos mujeres uruguayas, quiere también reivindicar el amor... y la esperanza.
La creación colectiva de la que habla el maestro Julio Castro no admite descansos, ni tiempos pasados por alto. De eso trata este libro.


Montevideo, setiembre de 2003

Los autores

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