viernes, 16 de julio de 2010

PRIMERA PARTE Capitulo IX

IX

TODOS LOS NOMBRES

Mientras a nivel diplomático en Uruguay se desarrollan intensas gestiones entre la dictadura y el gobierno de Venezuela, en el 300 Carlos Elena sufre las consecuencias de su intento fallido de fugarse.
En Argentina, los militares uruguayos continuaban ajustando los detalles para una masiva detención de militantes y allegados al pvp y personas vinculadas a las labores de la cnt en Buenos Aires.[1] El 1º de julio habían detenido a Enrique Rodríguez Martínez, del pvp. En la noche del 9 son secuestradas Cecilia Irene Gayoso y Mónica Soliño, que son conducidas a dependencias de la Policía Federal Argentina, donde las interrogan y torturan antes de trasladarlas a Orletti.
Entre la noche del 13 y las primeras horas del 14 de julio son secuestrados Margarita Michelini y su esposo Raúl Altuna,[2] Ana Inés Quadros Herrera y Eduardo Dean,[3] Víctor Lubian y Marta Petrides; Sergio López Burgos y León Duarte Luján; Enrique Rodríguez Larreta y su nuera Raquel Nogueira Paullier; José Félix Díaz Berdayes y Laura Anzalone,[4] Ana María Salvo Sánchez, Ariel Sotto, Elba Rama Molla, Gastón Zina Figueredo, Alicia Raquel Cadenas Ravela y Edelweis Zhan. Todos son llevados a Orletti.
A últimas horas del 13 de julio la represión llega a la casa donde vivían Sara Méndez, su hijo Simón, de 20 días, Asilú Maceiro y Mauricio Gatti, que en ese momento no estaba allí. Sara y Asilú son interrogadas, torturadas y luego conducidas a Orletti. El bebé queda en poder de los militares. Mauricio Gatti posteriormente sale de Argentina, exiliándose en Europa. Esta operación coordinada en la que participaron los servicios de seguridad argentino y uruguayo dejó, entre otros, el saldo de la desaparición de dos niños que se encontraban en los hogares asaltados. Los niños correrán distinta suerte.
En tanto Simón continuará desaparecido durante casi 26 años, Ernesto Anzalone es recuperado poco tiempo después. Por lo que hoy se sabe, estaba destinado a correr la misma suerte que Simón.
Ernesto es el hijo de Rita Álvarez y Pablo Anzalone.[5] En la fecha de su desaparición vivía en Buenos Aires con su tía Laura Anzalone y con Félix Díaz. Al enterarse del secuestro, Tota llama a los padres de Laura en Montevideo y les da la dirección del lugar donde vivían y se había producido el operativo. La familia Anzalone viaja a Buenos Aires y va al lugar indicado. Allí el portero del edificio niega que haya ocurrido un operativo de detención. Regresan a Montevideo hasta que una nueva llamada de Tota los hace volver a Buenos Aires. El sereno de un garaje cercano confirma el operativo represivo; recién entonces el portero admite que hubo un procedimiento en el que se llevaron a Laura y un niño. Los Anzalone denuncian el hecho ante Naciones Unidas, publican en el Buenos Aires Herald la foto de Ernesto, recorren hospitales y realizan gestiones en organismos de seguridad, en donde reciben la negativa como respuesta. Finalmente, a la salida de una de esas gestiones un integrante de los servicios de seguridad les dice que vayan a la comisaría pues allí “siempre saben”.
En la comisaría, una asistente social reconoce que el niño había estado dos días allí, que estuvo en un hospital y que había sido adoptado por una médica. La abuela de Ernesto logra la orden de un juez para que le entreguen a su nieto, quien dos meses después de su desaparición es llevado a Uruguay por su familia. Lo mismo harán, aunque sin resultados, los familiares de Sara en busca de Simón.
Con el secuestro de León Duarte, dirigente sindical y secretario general del pvp, repiten la operación de extorsión que habían intentado con Gerardo Gatti, utilizando nuevamente la intermediación de Washington Pérez. Éste, que había sido advertido por Gatti primero y por Duarte después de que se fuera del país, logra burlar la vigilancia y se refugia en la embajada de Suecia.[6]
El 16 de julio, mientras en Orletti torturaban a los uruguayos detenidos, María del Pilar Nores, en poder de los militares uruguayos desde junio, es trasladada a una casa en el barrio Punta Gorda, en Montevideo, que funcionaba como cárcel clandestina.[7]
El 22 de julio, en Uruguay, detienen a más personas vinculadas al pvp.
El 25 por la noche, 24 de los uruguayos secuestrados en Orletti son trasladados clandestinamente a Uruguay.[8] Al otro día hay más detenciones de gente del pvp en Montevideo.
El 22 de agosto los prisioneros de la cárcel de Punta Gorda son trasladados a la propia sede del sid, en Bulevar Artigas y Palmar. Allí se les obliga a decidir: o aceptan ser mostrados públicamente como detenidos en Uruguay o, de lo contrario volverán a Argentina, donde su destino será la muerte.
Los presos aceptan aparecer como detenidos en Uruguay. Los militares proyectan mostrar a la opinión pública la existencia de un plan de invasión al país, que sería abortado por la acción de las fuerzas armadas. Un grupo de los “invasores” sería “apresado” en una casa de un balneario uruguayo y el resto en hoteles céntricos de Montevideo.
En ese momento se discutía en el Congreso estadounidense la aprobación de la enmienda Koch. El Partido Demócrata manifestaba en su campaña electoral una especial preocupación por las dictaduras del Cono Sur y sus violaciones a los derechos humanos.
La eventual suspensión de la ayuda militar estadounidense a Uruguay podría ser evitada, según la dictadura, si el país no sólo era amenazado por la subversión comunista, sino que ésta se materializaba en una invasión armada.[9]
Los uruguayos secuestrados en Argentina en julio correrán una suerte distinta a lo que luego será norma: los secuestros seguidos de la desaparición. Factores determinantes en el destino de ese grupo de presos fueron la necesidad que tenía la dictadura de evitar las consecuencias económicas y políticas de la aprobación de la enmienda, la reciente ruptura de relaciones con Venezuela y las denuncias efectuadas a raíz de los asesinatos de Michelini y Gutiérrez Ruiz.
Días antes del traslado de los secuestrados al local del sid, Elena estaba en Infantería 13.
Desde su cautiverio en la sede del sid, los prisioneros pueden seguir, a través de las conversaciones que escuchan entre los militares y sus comunicaciones telefónicas con Buenos Aires, los preparativos de la ola de secuestros de setiembre y octubre. El inicio de esa acción en Argentina coincide con la ausencia de la mayor parte de la oficialidad uruguaya destacada en la cárcel clandestina del sid.
El 24 de agosto son secuestrados en Argentina y llevados a Orletti Marcelo Gelman y María Claudia García de Gelman.[10]
El 26 de agosto secuestran en Buenos Aires a Mario Jorge Cruz Bonfiglio.
Desde los primeros días de setiembre y hasta principios de octubre se concreta una nueva ofensiva de la coordinación represiva.[11] Un desenlace especial tuvieron los casos de algunas familias secuestradas: Roger Julien Cáceres, su esposa Victoria Grisonas y sus hijos Anatole, de 4 años, y Victoria, de 18 meses, desaparecen luego de un operativo en el que se abre fuego contra la vivienda familiar. Alberto Mechoso y Adalberto Soba son secuestrados y desaparecen. Las esposas de ambos junto con sus hijos son trasladadas el 27 de setiembre a Montevideo, en un vuelo comercial en el que Gavazzo simuló ser el esposo de la señora de Mechoso y padre de los menores. A la familia Soba la acompañaba otro integrante del sid uruguayo, José Arab Fernández, “el Turco”. En Montevideo, las familias Soba y Mechoso son conducidas a la casa de Punta Gorda, donde se les dice que permanecerán allí hasta que finalicen los procedimientos en Buenos Aires. Ambas familias son liberadas el 5 de octubre. Por su parte, Jorge Zaffaroni, María Emilia Islas y la hija de ambos, Mariana, son secuestrados y desaparecen. La niña es apropiada por el agente del sid Miguel Ángel Furci. Beatriz Victoria Barboza Sánchez y Francisco Javier Peralta Leonor son conducidos a Orletti y obligados a viajar posteriormente a Montevideo. A su llegada son detenidos y procesados. En Orletti, Barboza logra saber de la presencia allí de los hermanitos Julien y Mariana; de María Emilia Islas y Jorge Zaffaroni, y posiblemente de Josefina Kleim.
Álvaro Nores, secuestrado el 2 de octubre, es trasladado por el teniente Maurente a Uruguay, el día 6 en un vuelo regular de pluna, previo acuerdo con el oficial del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal argentina. En el aeropuerto de Carrasco los espera el teniente Felipe Sande Lima, quien lleva a Nores a la cárcel clandestina de Bulevar Artigas y Palmar, donde permanece hasta su liberación, pocos meses después.
El 4 de octubre, con el secuestro de Washington Queiro Uzal, terminan las acciones del año 1976 contra el pvp.
Durante el mes de setiembre vuelven a aparecer cadáveres en las costas uruguayas.
Mientras en Montevideo se planificaba la legalización de los prisioneros traídos clandestinamente de Buenos Aires en julio, Gavazzo y Pedro Matos le dicen a Enrique Rodríguez Martínez que Elena, presa en Infantería 13, sería incluida entre las personas que aparecerían como detenidas en Uruguay. Esto también se lo comunica otro militar uruguayo a Margarita Michelini. Posteriormente el mismo Gavazzo le dice a Enrique Rodríguez que Elena no sería incluida en ese grupo. La misma versión le da el entonces capitán Martínez a Ana Inés Quadros.
En octubre es nuevamente detenido Fernando Funcasta y conducido al 300 Carlos. Durante la tortura, Jorge Silveira lo interroga sobre Elena.[12] Allí también estaban otros compañeros del pvp, entre ellos José Charlo, Gustavo Mora, Juan Brum, Beatriz Rita De León y Ladislao Hebert Costa.
Entre el 14 y el 21 de octubre son trasladados desde Orletti a Uruguay Anatole y Victoria junto a María Claudia García.
El 23 de octubre comienzan los preparativos de la simulación del operativo en el chalé Susy, donde se efectuaría la “detención” oficial de algunos de los uruguayos traídos en julio desde Argentina.
En la noche se hicieron las falsas detenciones en hoteles céntricos, donde los propios militares con documentación falsa suplantaron a los detenidos. En los comunicados oficiales de los días 29 y 30 de octubre, difundidos por todos los medios, se da cuenta de la detención de 62 personas, sin embargo se conocerá la identidad de una cantidad menor.
Como respuesta del régimen a las denuncias que se hacían desde el extranjero, se realiza una conferencia de prensa en el mismo chalé donde se habían hecho las falsas detenciones, y se muestra a algunos de los prisioneros.
En los primeros días de noviembre los secuestrados en Argentina pasan a la justicia militar, con declaraciones redactadas por los militares, y son procesados.
El 1º de noviembre María Claudia da a luz a una niña en el Hospital Militar de Montevideo. La presencia de un recién nacido en el local del sid es registrada en varios testimonios de los trasladados desde Argentina.
El 4 de noviembre son secuestrados en el balneario uruguayo de Punta del Este los argentinos Claudio y Lila Epelbeum Slotopolsky, y trasladados ilegalmente a Argentina.[13]
A mediados de noviembre, una primera tanda de los prisioneros del sid es conducida a las cárceles de Libertad y Punta de Rieles. Los demás prisioneros llegaron a esos penales en diciembre, con la excepción de los no procesados, que fueron liberados.
A fines de diciembre, sacan a María Claudia García del sid con rumbo desconocido y desaparece.[14] La niña es entregada o abandonada en la puerta de la casa de un integrante de las fuerzas de seguridad.
El 22 de diciembre liberan del sid a Enrique Rodríguez Larreta, Elizabeth Pérez Lutz, María del Pilar y Álvaro Nores, Félix Díaz y Laura Anzalone.
El 23 de diciembre son trasladados desde Montevideo a Santiago de Chile en un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya, acompañados por una persona llamada Mónica, los hermanos Julien.[15]
De los comunicados oficiales de las Fuerzas Conjuntas de los días 29 y 30 de octubre de 1976, referidos a los operativos contra el pvp, surge que hubo 62 “sediciosos capturados”, de los cuales 33 no han aparecido aún. ¿Cuál fue el destino de esos secuestrados? ¿Fueron desaparecidos en Argentina o en Uruguay? ¿Fueron los vuelos de la muerte un método de “destino final” que no usó la dictadura uruguaya?
Importantes indicios para dar respuesta a esas interrogantes surgen de la información hecha pública por el periodista Roger Rodríguez[16] acerca de un segundo traslado masivo de 32 prisioneros a Uruguay en 1976 en un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya. A esto se agregan las declaraciones ante la justicia argentina del integrante del side, Furci, quien dice que recibió a Mariana “de los militares uruguayos y que a sus padres los esperaba un destino incierto o ‘disposición final’”. Ante María Esther Gatti de Islas, Furci manifiesta que María Emilia “le había entregado a la niña al pie de la escalerilla del avión”.
Según afirmó ante Roger Rodríguez un integrante de los servicios argentinos[17]: “De Uruguay a los argentinos nos han cobrado todo y mucho ha salido a la luz. Pero que no nos adjudiquen esas desapariciones. A los que no murieron en Orletti nosotros los devolvimos. No sabíamos que los del primer viaje estaban vivos, así que cuando cerraba Orletti se planificó otro viaje grande en el que se incluyó a todos los que quedaban, incluso cinco argentinos para la ‘disposición final’. Un día antes estuvo en Ezeiza un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya que los iba a llevar. No participé en la entrega, pero creo que a esos últimos tienen que buscarlos en Uruguay”.
[1] Tal parece ser el caso de Hugo Méndez, Edgardo Candia y Julio Rodríguez Rodríguez.
[2] La pareja logra entregar a su pequeño hijo a una vecina, quien posteriormente lo devuelve a su familia.
[3] El capitán Jorge Silveira, durante un interrogatorio a Dean, le levanta la venda de los ojos y dice: “Éste es Eduardo Dean. Ary Cabrera, el del Peugeot negro que trajimos hace tiempo, es el suegro de éste”. (Testimonio de Eduardo Dean.)
4. Los dos últimos, al igual que los hermanos María del Pilar y Álvaro Nores, tendrán un tratamiento especial y serán liberados sin ser sometidos a la justicia militar.
[5] Rita estaba detenida en el 300 Carlos y Pablo, desde 1975, en el penal de Libertad.
[6] Una vez en Europa, Pérez da un testimonio que desnuda el accionar de la coordinación represiva. Junto al mismo se da a conocer la foto de Gerardo Gatti prisionero en Orletti, que recorre el mundo.
[7] Ubicada en República de México 7515, padrón 95308 y ofrecida para remate en 1983 por el Ministerio de Defensa.
[8] Ellos son todos los prisioneros uruguayos cuya nómina figura más arriba, más Jorge González y Elizabeth Pérez Lutz, que no integraban el pvp y se encontraban en Orletti desde el mes de junio. De los uruguayos secuestrados en junio y julio siguen en ese momento desaparecidos Hugo Méndez, Edgardo Candia, Julio Rodríguez Rodríguez, Gerardo Gatti, León Duarte, Simón Riquelo y una mujer detenida junto a Julio Rodríguez, de quien aún no se tiene filiación.
[9] Ver Carlos Amorín, Sara y Simón, historia de un encuentro, Editorial Nordan-Brecha, Montevideo, 2002.
[10] María Claudia, embarazada, será trasladada a Uruguay. Allí da a luz a una niña, que le es quitada. Ella es ejecutada.
[11] Son secuestrados y desaparecen Walner Ademir Bentancourt Garin, Juan Miguel Morales von Pieverling, Josefina Keim Lledo de Morales, Juan Pablo Errandonea Salvia, Raúl Tejera Llovet, Cecilia Trías Hernández, Washington Cram González, Ruben Prieto González, Rafael Lezama González, Miguel Ángel Moreno Malugani, Carlos Alfredo Rodríguez Mercader, Casimira Carretero Cárdenas, Segundo Chejenian, Graciela Martínez de Chejenian, Bernardo Arnone y Juan Pablo Recagno.
[12] Además le mostraron una fotografía de Elena. En fecha cercana al 15 de octubre Silveira le dice: “El problema de esta señora ya lo tenemos resuelto”. Silveira solía llamar despectivamente “la señora” a Elena.
[13] Félix Díaz y Laura Anzalone dicen haber visto allí a una pareja de argentinos, ella embarazada, que eran torturados. Podría tratarse de estos hermanos o de integrantes de la familia de Ramón Morales que podrían haber sido trasladados a Uruguay luego de que José Ramón Morales y su esposa Graciela Videillac se fugaran de Orletti.
[14] Según el ex soldado Julio César Barboza, el traslado lo hacen Juan Antonio Rodríguez Buratti y José Arab.
[15] Álvaro Nores habla en su testimonio de un“viaje a Chile de un milico y dos milicas, que habrían vuelto rápidamente”, a fines de noviembre. Según Alicia Cadenas, entre el 18 y el 23 de noviembre “viajaron a Chile dos guardias para, según decían, hacer un curso de inteligencia militar”.
[16] Posdata Folios, número 13, del 15-III-02 en el artículo “La hora de Simón”. La República.
[17] Se trata de la misma persona que dio la información que permitió ubicar a Simón Riquelo.

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