domingo, 18 de julio de 2010

PRIMERA PARTE Capitulo VII

VII
“El INFIERNO”

El Batallón de Infantería Nº 13 de la Avenida de las Instrucciones 1933 entre Camino Casavalle y el arroyo Miguelete fue durante la dictadura uruguaya un activo centro de torturas. Esta unidad de infantería, un arma que asumió un rol principal en la represión a partir del golpe de Estado en 1973, dependió, al igual que el Batallón Nº l4 de Toledo, y el Nº 15 de Infantería,[1] directamente del Comando General del Ejército. Por esa razón, actuaba en coordinación permanente con el Servicio de Información de Defensa (sid), la ocoa y la Compañía de Contrainformación del Ejército. Conocido como “el Infierno” por los presos políticos, los militares lo llamaban “el 300 Carlos”.
José Nino Gavazzo, Manuel Cordero, Jorge Silveira, Eduardo Ferro, Glauco Yannone, José Bassani y Carlos Rosell, entre otros, desarrollaron su actividad represiva en relación constante con el Servicio de Información (S 2) del Batallón 13. El S 2 estaba dirigido en el año 76 por el mayor Alfredo Lamy, con el respaldo de los jefes del batallón.
Según datos aportados por otros presos, se sabe que Elena estuvo detenida en Infantería 13, y por informaciones proporcionadas por un médico militar que los autores no han podido identificar, se sabe que fue atendida en el Hospital Militar de las Fuerzas Armadas por una fractura.
El lugar destinado a alojar y torturar a los detenidos políticos era un galpón de techos de zinc muy grande, tipo fábrica, que servía además de depósito de camiones y maquinarias, tapadas con lonas amarillas impermeables. Tenía ventanas altas y puertas corredizas que a veces abrían para que entrara el sol.
Por una escalera que accedía a un primer piso se llegaba a la cocina, los baños y la sala de tortura. Cuando las sesiones eran muy intensas, el sonido de una radio a alto volumen se superponía a los gritos.
El personal militar con grado que actuaba allí adentro no se identificaba por sus nombres ni con el grado militar: eran nombrados como “Oscar 1”, “Oscar 2”, etcétera. Para el personal de tropa, la identificación era “uno” o “una”, según se tratara de un soldado o de una policía militar femenina.
Hombres y mujeres presos estaban separados y la guardia que los custodiaba también.
Además de estar prohibida la comunicación entre los prisioneros, éstos permanecían siempre con los ojos vendados y con las manos atadas con un cable. Cada detenido era identificado con un número. A Elena le asignaron el 2537.
El 8 de julio de 1976 son detenidos Nilka Regio de Gutiérrez y su esposo. Ambos son llevados a esa unidad militar. Dos días después Nilka empieza a escuchar la voz de Elena , a quien conocía.
Elena vestía un saco verde y, como los demás detenidos, estaba con los ojos vendados. Estaba aislada del grupo de 20 mujeres allí detenidas. Elena era torturada y Nilka escuchó su voz “Soy Elena Quinteros y no tengo nada que decir”.
El 10 de agosto es liberada la señora de Gutiérrez. Elena continuaba allí.[2]
También en el marco de la represión contra el pvp, es detenida en su casa Cristina Marquet Navarro, de 19 años. En el procedimiento interviene el capitán Jorge Silveira. Los integrantes del operativo mantienen a Cristina y a su pequeña hija en su domicilio durante nueve días, en espera de poder capturar a algún otro militante que concurriera a la vivienda. Finalmente, el 8 de agosto es trasladada en un vehículo particular al Batallón 13. Durante la primera noche, Cristina escucha a una mujer que dice: “¿Por qué no me mataron?” Reconoce la voz de Elena, a quien estaban torturando y la mantenían separada del resto de las mujeres. En una oportunidad Cristina pudo verla “tirada en un colchón en medio de unos autos”. Por las voces, pudo reconocer como vinculados al caso de Elena, a los oficiales Silveira y Victoriano Vázquez, en tanto que en la guardia femenina pudo identificar a las integrantes de la Policía Militar Femenina Selva De Melo y Liliana González. Cristina Marquet es trasladada a otro centro de detención en octubre de 1976. En esa fecha, Elena continuaba en el Infierno.[3]
La represión contra el pvp, en tanto, no sólo seguía en Uruguay, el Cóndor se había instalado en Buenos Aires.

[1] Creado en 1979 a partir de la Compañía de Transporte del 13.
[2] Testimonio de Nilka Regio de Gutiérrez, en 1985, ante la Comisión Investigadora sobre Personas Desaparecidas de la Cámara de Diputados de Uruguay.
[3] Testimonio de Cristina Marquet Navarro en París, enero de 1981.

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