miércoles, 14 de julio de 2010

SEGUNDA PARTE Capitulo II

II
EN PARÍS

1977. En sus primeros tiempos en París, Tota vive con la familia de Ruben Prieto, como lo había hecho en los últimos tiempos en Buenos Aires. Más adelante se instala en un pequeño apartamento en las cercanías de la plaza de la República.
En setiembre del 77 París es sede de un encuentro del pvp al que concurre gente que llega desde diversos países. El proceso que culminó con la primera Conferencia Nacional del pvp había comenzado poco después de que Tota llegara a Suecia en febrero de ese año. La actividad reunió no solamente a exiliados, también participaron compañeros que se mantenían en Argentina y en Uruguay. No era una reunión fácil, ya que no se trataba de formular un plan de trabajo hacia adelante sino que se planteó dirigir una mirada crítica sobre los hechos recientes, establecer las responsabilidades individuales y los errores en que se había incurrido en las tareas clandestinas de resistencia a la dictadura. Según se lee en un material editado por el pvp en noviembre del 77 bajo el título “Una autocrítica para avanzar”: “Había que enfrentar con honestidad y seriedad revolucionarias el análisis de las principales carencias y errores que hicieron posible los avances contrarrevolucionarios de los últimos tiempos.”[1] Ese balance autocrítico que se planteaba estaba también motivado por una “impostergable explicación pública que el partido debía ofrecer, no sólo a sus militantes sino también a sus círculos de influencia y al conjunto de luchadores de nuestro pueblo”. Se decía que “las consecuencias de esos errores no fueron solamente los golpes represivos”, sino que “lo más dramático es su enorme importancia frente a las exigencias objetivas” de la lucha contra la dictadura. “Por eso asumimos nuestra parte de responsabilidad en la derrota transitoria del movimiento popular en estos últimos años.” Si bien se planteaba que “era imposible contentarnos con la enumeración de una serie de errores conspirativos y organizativos”, esa lista “debía hacerse”.[2] Entre las delaciones: “Un tercer caso, también grave, fue el de José Félix Díaz, que apenas detenido se plegó a los militares”. Díaz, quien “conocía nombres y direcciones de compañeros que luego fueron secuestrados”, no fue torturado en Orletti. “Después de entregar a los compañeros y trabajar para el grupo de Gavazzo, recobró la libertad.”[3]
Fue el primer intento de reorganizarse, de reunir la información de lo ocurrido en el 76 en Argentina y en Uruguay, y sobre todo de definir algunas líneas de acción inmediatas. A la materialización de esas líneas de acción Tota suma sus esfuerzos.
Había que lograr el repliegue a lugares seguros de aquellos compañeros que aún permanecían en Argentina y sobre todo desarrollar una efectiva y rápida campaña de denuncias de los secuestros y desapariciones. Todo eso al tiempo que se reconstruía el partido y se volvía a la región. Europa estaba muy lejos; desde allí se podía denunciar a la dictadura, pero para contribuir efectivamente a derrotarla había que estar cerca.[4]
Era un desafío que superaba las posibilidades de cualquier organización tomada aisladamente, más aun considerando que ésta había sido diezmada. Por eso era fundamental trabajar muy seriamente en torno a la unidad de la lucha antidictatorial.[5]
Tota no podía imaginar aún el papel fundamental que debería cumplir en esas tareas desde su doble condición de madre de una de las víctimas y militante de una organización política.
Para las tareas que perseguían el aislamiento de las dictaduras de América Latina, las denuncias serias y documentadas eran un insumo fundamental. El triunfo del Partido Demócrata en las elecciones estadounidenses y la asunción de James Carter como presidente, en enero del 77, tendrán una gran importancia. Sin embargo, las dictaduras del Cono Sur tardarían todavía un tiempo en percibir que algo estaba cambiando allá en el norte, y que esto tendría, como siempre, su repercusión en el sur del continente. Al menos por esta vez, y en el campo de los derechos humanos, esas repercusiones serían favorables.
El viraje de la política exterior estadounidense se manifiesta en la decisión de reducir la ayuda económica a Uruguay, lo que motivó la protesta del régimen.
Los intentos que el gobierno uruguayo había realizado para justificar su accionar y evitar el corte de la ayuda militar habían tenido el efecto contrario.
La protesta ensayada por la dictadura será la continuación de su prédica desde el golpe de Estado de 1973: “Tal conducta –decían– se ha adoptado en vista de que el gobierno norteamericano utiliza el campo de la asistencia militar y económica para intervenir en los asuntos internos de Uruguay”, y agregaban que “aparte de responder intrínsecamente a una evidente desinformación, (...) sólo favorece a la subversión”.
A fin de sacar de Argentina a los compañeros que aún permanecían allí, era imprescindible en muchos casos conseguirles documentación. En esa tarea estaba Gustavo Inzaurralde, un viejo conocido de Tota y compañero de Elena en sus años de estudio en Magisterio. Gustavo y Nelson Santana viajan a Paraguay con el propósito de conseguir documentos falsos. En Asunción, ambos son detenidos el 28 de marzo.[6] Torturados e interrogados en territorio paraguayo por Carlos Calcagno, un oficial del Ejército uruguayo, fueron entregados a los servicios de seguridad argentinos el 16 de mayo.
Mientras continuaba la represión a todo tipo de oposición, la dictadura uruguaya implementaba profundas transformaciones en lo institucional, contando para esa tarea con el apoyo de ciertos sectores civiles.
En lo internacional la cancillería seguía desarrollando similar papel al cumplido en oportunidad del secuestro de Elena. Los representantes ante la onu, Carlos Giambruno y Aureliano Aguirre, intentaban en Ginebra que el tema de los derechos humanos en Uruguay fuera objeto de atención.
La lucha contra las dictaduras de América Latina ponía mucho énfasis en lograr que los organismos internacionales aprobaran denuncias contra las dictaduras militares. A esa labor Tota se entregó con todo su empeño.
El régimen uruguayo sufrió un serio revés cuando el 8 de marzo la onu aprobó las denuncias por violaciones a los derechos humanos formuladas contra las dictaduras de Uruguay, Chile, Argentina y Brasil.
Tota estaba haciendo sus primeras armas en las denuncias internacionales. Esa resolución favorable del organismo internacional le dio confianza para seguir batallando en el mundo de la diplomacia, desconocido hasta entonces para ella.
Aquel resultado se había podido concretar gracias también al fundamental papel desarrollado por parlamentarios que estaban en el exilio. Wilson Ferreira Aldunate, Enrique Rodríguez y Enrique Erro, entre otros, habían formulado contundentes acusaciones ante la Comisión de Derechos Humanos de la onu.
Después del encuentro de Ginebra se vio la necesidad de crear un organismo destinado a la tarea de denunciar las desapariciones y luchar contra la dictadura. La conformación de afude, apuntada a eso. “Nosotros ya habíamos estado dando vueltas en Ginebra cuando se reunió la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas. De allí nació la necesidad de formar algo más estable y eso fue afude. Esto estaba formado por compañeros residentes en diferentes países y la idea era coordinar esfuerzos entre todos los familiares de desaparecidos”.[7]
Los esfuerzos coordinados desde el exilio se concretan una vez más con la realización de la VI Reunión Internacional de comités de solidaridad con Uruguay. En esa oportunidad, junto a otros reclamos se exigió la devolución de Elena al gobierno de Venezuela.[8]
Mientras en el exilio se organizaba la lucha contra la dictadura, en Punta del Este, el principal balneario uruguayo, se realizaba la XVII Conferencia de jefes de las fuerzas aéreas. Allí se coordinarán los vuelos del Plan Cóndor en el Cono Sur.
[1] En La lucha contra la dictadura, Editorial Compañero, Montevideo, 1992.
[2] Ibíd.
[3] Cores, Hugo. Memorias de la resistencia, Banda Oriental, Montevideo, 2002.
[4] En el marco de esa línea de acción, en 1978 Mauricio Gatti y Rogelio Izbarbo viajan a Argentina a restablecer contacto con compañeros que allí estaban (Milton Romani y Alberto Correa, entre otros); Lilián Celiberti y Universindo Rodríguez viajan a Brasil y otros compañeros pasan a residir en México, Venezuela, y otros países.
[5] En las actividades de vínculo con el Frente Amplio en el exterior, Miguel Fernández realizó una importante tarea desde España, así como Miguel Gromaz, sindicalista de funsa refugiado en Galicia, en las actividades de solidaridad.
[6] Junto a ellos son detenidos los argentinos José Nell, Marta Landi y Alejandro Logolusso, quienes posteriormente fueron trasladados a Argentina y están desaparecidos.
[7] Martínez, I. Op cit.
[8] Participaron los comités de París, España, Bélgica, Alemania, Argelia, Milán, Londres, Ginebra, Estocolmo, Suecia, Holanda, Israel, Marsella, Estrasburgo y Zurich.

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