martes, 13 de julio de 2010

SEGUNDA PARTE Capitulo III

III

EL VIEJO LARRETA

En marzo de 1977 ocurre uno de los hechos de mayor trascendencia en esos años, por sus posteriores consecuencias: la llegada a Londres de Enrique Rodríguez Larreta.[1] Este hombre era uno de los sobrevivientes de Orletti y con él llegaban los relatos, el testimonio del horror.
Rodríguez Larreta inicia sus denuncias en una conferencia de prensa organizada por Amnistía Internacional. La contundencia de su testimonio y de sus posteriores denuncias ante tribunales de justicia en diversos países extenderá sus efectos hasta nuestros días.
Con la llegada del “Viejo”, como lo llamaban sus compañeros de cautiverio, se logra reconstruir una parte importante de los hechos ocurridos en 1976. Podía escucharse por primera vez el testimonio directo de uno de los operativos del Plan Cóndor, lo que dejaba al descubierto, más allá de las fronteras, los crímenes de la dictadura.
Gran memorioso, recordaba nombres y rasgos de muchos de los militares uruguayos y argentinos que habían participado en los secuestros. Sus datos se sumaron con mucha eficacia a los que había aportado en su momento Washington Pérez.
Una vez que fue liberado, a fines de 1976, el Viejo viajó a Argentina y se dedicó a buscar, hasta encontrarlo, el lugar en donde había estado secuestrado. Es así que llega a Europa con la dirección exacta de Automotoras Orletti.
Entre tanto, Tota había canalizado a través del gobierno sueco algunas de sus gestiones en procura de su hija. El gobierno le respondió que por intermedio del Departamento de Inmigraciones se había puesto en contacto con su embajada en Montevideo, pero “las posibilidades de hacer averiguaciones que tiene la embajada en este caso son muy restringidas, por este motivo nos pide la embajada el nombre de un familiar o abogado que pueda hacer visitas a la cárcel. La embajada conoce las circunstancias por las cuales su hija fue detenida, por tanto actuará tomando en cuenta medidas de precaución rigurosas”.[2]
A pesar de la negativa oficial de la dictadura, el gobierno sueco no tenía dudas de que Elena había sido secuestrada por las autoridades militares de Uruguay.
Tota contestó diciendo que en virtud de la falta total de garantías para la defensa de los derechos humanos en Uruguay, le era prácticamente imposible conseguir un abogado o familiar para que realizara averiguaciones mientras no se reconociera oficialmente la detención de Elena.[3]
El 8 de abril se recibe desde Argentina la información de que a los dos compañeros desaparecidos en los primeros meses de ese año[4] se sumaba ahora el secuestro y desaparición de Adriana Gatti Casal, la hija de Gerardo Gatti y Marta Casal.[5]
La respuesta de la dictadura uruguaya a las documentadas denuncias que se hacían a nivel mundial y al cuestionamiento en el seno de la onu no se hizo esperar. El 14 de abril,[6] al inaugurar el panteón de la Armada Nacional en el cementerio del Buceo, autoridades de las Fuerzas Armadas expresaron: “...la guerra contra la sedición y el comunismo no ha finalizado (...) Ellos encuentran eco en las organizaciones terroristas y comunistas que no nos perdonan el haberlos derrotado”. Y el director nacional de Información e Inteligencia, inspector general Víctor Castiglioni Herrera, decía: “...enfrentamos hasta el fin al marxismo (...) estamos en una guerra que no la hemos provocado ni la deseamos, pero no por ello podemos eludirla. Es el enfrentamiento entre dos ideologías excluyentes entre sí y donde hay una –el comunismo– cuya meta es la destrucción de nuestras libertades y en eso es intransigente. Hemos ganado muchas batallas, pero a no caer en el equívoco fatal de creer que la guerra ha terminado”.
Del otro lado del Plata, y por boca del general Saint Jean, gobernador de la provincia de Buenos Aires, la dictadura argentina también desafiaba los llamados de atención de la comunidad internacional y amenazaba con más violaciones a los derechos humanos: “Primero mataremos a los subversivos, después a los colaboradores, después a sus simpatizantes, después a los que permanezcan indiferentes y finalmente a los tímidos”.
En medio de ese clima, el 19 de abril es secuestrado en Buenos Aires y desaparece Humberto Bellizzi, vinculado a las actividades del pvp y que aún permanecía en Argentina.
El 18 de mayo, en Uruguay el comandante en jefe del Ejército afirmaba: “Uruguay está contra la subversión y de ahí algunas reacciones que nos atacan en el exterior. Los derechos humanos no pueden predominar sin la seguridad y existencia de la República”. También la prensa obsecuente se sumaba a la prédica militar: “...se advierte sobre el peligro de un rebrote guerrillero alentado por el marxismo internacional”.[7]
En mayo el general Luis Vicente Queirolo viaja a Washington a asumir la jefatura de la misión de las Fuerzas Armadas uruguayas en Estados Unidos mientras el presidente Carter se dispone a designar a Lawrence A. Pezzullo como nuevo embajador en Uruguay, reemplazando al tristemente famoso Ernest Siracusa.[8]
En la Asamblea General de la oea del 14 de junio, el representante de la nueva administración estadounidense, Cyrus Vance, aseguraba que la principal preocupación de su gobierno con respecto a Uruguay era promover el cumplimiento de los derechos humanos. En esa oportunidad el canciller de la dictadura Alejandro Rovira sostuvo que “la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos asume un papel netamente político, desnaturalizando sus altos cometidos y entrando en colisión con sus propios estatutos”, en respuesta a la oea, que sostenía que “el mantenimiento del orden no debe comprometer la vigencia de los derechos humanos”.
El cambio de la política estadounidense con relación a las dictaduras de América Latina, al que se sumaban las posiciones del Vaticano y los países europeos, no se puede explicar adecuadamente si no se tiene en cuenta el papel que jugaron las denuncias realizadas por el exilio argentino, paraguayo, chileno y uruguayo.
Mientras en la oea se debatía acerca de las violaciones a los derechos humanos, en Montevideo era procesado por “espionaje” el periodista brasileño Flavio Tavares Fleitas, que había estado desaparecido durante varios días. El 10 de junio de 1977 comienza una nueva escalada represiva, que se extiende hasta setiembre de ese año, contra uruguayos radicados en Argentina, esta vez mayoritariamente vinculados a los Grupos de Acción Unificadora (gau).[9] En Montevideo también hay secuestros y desapariciones.[10]

[1] Enrique Rodríguez Larreta había sido secuestrado en 1976 en Buenos Aires, cuando buscaba a su hijo Enrique Rodríguez Martínez. Trasladado clandestinamente a Uruguay, fue liberado en Montevideo a fines de ese año.
[2] Nota cursada por Carl Fredrik von Seth a Tota Quinteros el 31-III-77.
[3] Por lo que surge de las investigaciones y de la documentación consultada, en el curso de ese año –aunque Tota no lo supo en aquel momento– José Félix Díaz lograba, luego de una inexplicable libertad, su divorcio de Elena ante la justicia uruguaya.
[4] Eduardo O’Neill Velázquez el 18-I-77 y Elba Lucía Gandara Castroman el 18-II-77.
[5] Según se supo después, Adriana, embarazada de nueve meses, había sido abatida junto a los argentinos Norma Inés Masuyama y Eduardo Testa, en una finca de la calle Nueva York 2825 del barrio de Agronomía de Buenos Aires. Trasladada herida al hospital de Alvear, falleció al parecer durante su traslado. Gerardo había desaparecido el 9 de junio de 1976, en Argentina. Marta y sus otros dos hijos, Daniel y Gabriel, estaban exiliados en Europa.
[6] Fecha en que la dictadura conmemoraba el “día de los caídos en la lucha contra la sedición”. Terminada la dictadura se sigue conmemorando, aunque con otra denominación: Día de los caídos en defensa de las instituciones.
[7] Diario El País, 9-VI-77, en nota editorial titulada “Marxismo superviviente”.
[8] Siracusa tenía una activa vinculación con el régimen militar, llegando a participar en las gestiones que la dictadura realizara en 1976 para evitar la suspensión de la ayuda militar. Su carrera diplomática lo llevó a estar presente en varios países latinoamericanos en los que la cia propició golpes de Estado.
[9] Son secuestrados y desaparecen Norma Luppi el 10 de junio, María Mercedes Camiu el 1 de julio, Lourdes Hobbas de Hernández el 13 de julio, José Enrique Michelena Bastarrica, Graciela Susana De Gouveia de Michelena y Mauricio Silva Iribarnegaray, el 11 de julio Pedro Daniel Alfaro, el 20 de julio Blanca Altman, el 29 de julio Luis Fernando Martínez Santoro, el 20 de agosto Ada Burgueño, el 23 de agosto Jorge Hernández, el 21 de setiembre Alfredo Bosco, Edmundo Dossetti, Alberto Corchs y Elena Lerena de Corchs.
[10] El 14 de abril secuestran a Luis Eduardo Arigón Castels y Oscar Baliñas, y el 19 de julio a Oscar Tassino, vinculados al Partido Comunista del Uruguay.

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