miércoles, 7 de julio de 2010

SEGUNDA PARTE Capitulo IX

IX
ACTUAR RÁPIDO

Si Elena estaba viva había que actuar rápido. No se podía esperar que la dictadura diera cumplimiento a lo que había anunciado. Tampoco se podía esperar el silencio de Elena para facilitarle a la dictadura la salida que habían anunciado. Había que lograr su libertad.
El teniente coronel del Ejército uruguayo Julio César Cooper había abandonado Uruguay en 1979 y se había refugiado en Europa. Se había presentado ante el sijau, donde informó lo que sabía de la dictadura. Tota se comunicó con Cooper para saber si tenía alguna información relativa a Elena. Respondió el ex militar: “1) Pese al profundo silencio reinante en aquel entonces, en el seno del Ejército pude oír en varias oportunidades velados comentarios de oficiales confirmatorios de la intervención de un comando represivo, el cual detuvo a su hija; en los mismos el único oficial citado era el actual capitán Jorge Silveira. 2) Para mí el otro elemento probatorio es que si bien inmediatamente de ocurrido el hecho, el régimen uruguayo hizo aclaraciones negativas en torno a su grado de responsabilidad, en filas militares por el contrario reinaba el silencio como aceptando tácitamente las acusaciones de la opinión pública internacional. En otras palabras, daba la sensación de que la realidad era demasiado clara, para hacer comentarios desvirtuantes entre los militares”.[1]
Poco antes de que se cumplieran tres años del secuestro de Elena, Tota firma una nota para ser presentada ante la cidh de la oea denunciando el caso.[2]
Lo más importante y urgente era actuar a partir de lo que había informado el embajador Giambruno. Para lograr nuevas presiones del gobierno de Venezuela sobre la dictadura en reclamo de Elena, en abril Tota le escribe al presidente Herrera Camping solicitándole una entrevista ya que “...dispongo ahora de elementos de gran importancia probatorios de la vida de mi hija y del hecho de que se encuentra detenida en Uruguay”.[3] Era importante, tanto por las revelaciones de Giambruno como por el recambio de gobierno, realizar nuevas gestiones.
Tanto la cidh de oea como la Comisión de Derechos Humanos de la onu eran lugares de debate sobre la situación de los derechos humanos en los estados miembro. La oea tenía su sede en Estados Unidos y Tota, antes de ir a Venezuela, viajó a Washington donde, el 27 de abril encaró al embajador uruguayo ante la oea, brigadier Pérez Caldas.[4]
La entrevista tenía su importancia pues se trataba de un integrante de las Fuerzas Armadas a quien le reclamaría una confirmación de la información recibida meses atrás de Giambruno. “(...) fui a entrevistarme con el embajador uruguayo, brigadier Pérez Caldas. Dicho embajador me dijo que en un mes las relaciones entre Venezuela y Uruguay se reanudarían sin que el régimen uruguayo entregase a mi hija. Que después, por un pacto de caballeros, Uruguay mostraría al gobierno venezolano a mi hija presa en el Uruguay. Por segunda vez un representante del régimen reconocía el hecho de que a mi hija la tienen detenida sin reconocerlo públicamente”.[5]
Venezuela reanudaría en breve las relaciones diplomáticas con Uruguay sin que Elena apareciera. Después de un acuerdo de caballeros, Elena aparecería y sería procesada.[6] ¡Era cierto entonces que Elena aún vivía!
A Tota le costó salir del impacto de esas palabras y percatarse de que había variantes entre la versión de Pérez Caldas y la de Giambruno.
Cuando pudo se reunió con quienes la acompañaban en el viaje y trasmitió telefónicamente a los otros compañeros la “versión” del representante ante la oea. Había que redefinir claramente los objetivos de lo quedaba de la gira.
La reanudación de relaciones diplomáticas no estaba condicionada ahora a la aparición de Elena, sino que se haría “después de un acuerdo de caballeros”. ¿Entre quiénes? Sin duda entre la dictadura uruguaya y el gobierno de Venezuela; esto no la implicaba. El militar había dicho que “después de un acuerdo de caballeros ella aparecería y sería procesada”.
Mil veces Tota reconstruyó las palabras escuchadas tratando de encontrarle el significado.
Lo importante era que Elena estaba viva y que la dictadura buscaba la forma de reanudar las relaciones diplomáticas. Lo peligroso era que éstas pudieran restablecerse antes de su aparición.
En lo que coincidían las versiones de Giambruno y de Pérez Caldas era en que Elena no sería entregada sino procesada. La dictadura tenía en ella un rehén. Tota y sus compañeros ya sabían, por Rodríguez Larreta, que cuando se planificaba la aparición en Uruguay de los secuestrados en Argentina se habló de incluir a Elena en el grupo, lo que finalmente no se concretó por oposición “de los viejos”, es decir las más altas jerarquías de la dictadura.
En Washington, Tota hace además sus denuncias ante funcionarios del Departamento de Estado y la Casa Blanca. En mayo llega a Caracas. De inmediato se pone, junto a los compañeros allí exiliados, en actividad. Por un lado intenta conseguir una audiencia con el presidente para darle cuenta de las últimas novedades. Sabiendo que Elena aún vivía, el gobierno de Venezuela debía extremar las presiones para lograr que fuera devuelta.
En su agenda Tota incluyó visitas a monseñor Ovidio Pérez y al ex presidente Pérez, quien acerca de la posibilidad de normalizar las relaciones sin entregar a Elena dijo que “eso no sería permitido por ningún sector de gobierno ni del pueblo venezolano”.
EL Comité de Solidaridad Internacional y la Central Regional de Trabajadores, sumándose al reclamo, organizaron para el 9 de mayo un acto en el que hablaron Tota, Jorge Irisiti, Francisco Camacaro, de la Central Única de Trabajadores de Venezuela, y Raquel Reyes, de la Central Regional de Trabajadores.
Tres días después el presidente de Venezuela recibió a Tota, acompañada de una delegación de sindicalistas del Pacto Andino, y “(...) me aseguró que no habría relaciones con Uruguay si mi hija no era entregada a Venezuela”.[7] Posteriormente Tota habla con el canciller José Alberto Zambrano, también con el objetivo de evitar el restablecimiento de las relaciones diplomáticas en las condiciones anunciadas por Pérez Caldas.
El 13 de mayo, cuando en Venezuela se festejaba el Día de la Madre, Tota hace público un mensaje a las mujeres venezolanas.[8]
En el marco de la publicación de varios remitidos de distintas organizaciones políticas, sindicales y religiosas reclamando por Elena y denunciando las violaciones de derechos humanos en Uruguay,[9] se conocen algunas repercusiones generadas en la administración Carter por el pasaje de Tota por Washington y Nueva York. El portavoz del Departamento de Estado, Tim Brown, declaraba que Estados Unidos no tenía intenciones de presionar al gobierno de Venezuela para que reanudara relaciones con Uruguay en tanto Elena no fuera entregada; “nosotros no queremos que los venezolanos metan sus narices en nuestros asuntos y nosotros no habremos de meter las narices en los de ellos”.[10]
Cuando Tota abandona Caracas rumbo a México, desde donde retornaría a Francia, lleva una satisfacción: Herrera Camping le había asegurado que no reanudarían relaciones diplomáticas con la dictadura sin la previa entrega de Elena.
[1] Carta manuscrita de Julio César Cooper a Tota Quinteros, fechada el 8-IV-79 en Estocolmo.
[2] Respecto de dicho documento, del que hemos encontrado una copia, debemos precisar: Por un lado utiliza el concepto de “delito permanente o continuado” de la desaparición, a fin de sortear el requisito de los plazos de presentación de la denuncia “Es de mi conocimiento que las denuncias ante la comisión (...) requieren que los hechos se denuncien dentro de los seis meses de ocurrido el hecho, y que la detención de mi hija se produjo hace ya casi tres años. No obstante, considero que aún hoy se siguen violando los derechos humanos esenciales de mi hija, desde el momento que sigue desaparecida...”. Por otro lado incurre en errores tanto al referirse a la víctima (la identifica como María del Carmen Quintero) como a la denunciante (a quien denomina “de Quintero”).
[3] Carta fechada el 24-IV-79, que integra los archivos de Tota y del pvp.
[4] La delegación de AFUDE que realiza las distintas actividades en Nueva York y Washington estaba integrada por Tota y Mariana Errandonea, hermana del desaparecido Ignacio.
[5] Testimonio de puño y letra de Tota Quinteros sin fecha, atribuido al año 1979.
[6] La ficha de afude dice al respecto: “El 27 de abril de 1979, el entonces embajador de Uruguay en Washington, el brigadier Pérez Caldas, también le reconoció a la señora Quinteros que su hija estaba detenida”. Esa misma ficha dice que “en marzo de 1978 la señora de Quinteros fue informada confidencialmente que su hija había sido vista en una dependencia policial de Montevideo”. Sin embargo, en una carta de fecha 5-VII-79 que Tota le envía a Giambruno, con referencia a la entrevista con Pérez Caldas dice “me afirmó que las relaciones entre Venezuela y Uruguay en un mes estarían reanudadas, pero sin la aparición de Elena...”.
[7] El Nacional del 18-V-79 titula : “Mientras no nos devuelva a su hija Venezuela no restablecerá relaciones”.
[8] El diario El Nacional del 14-V-79 transcribe el mensaje: “En el Día de la Madre, María del Carmen Almeida de Quinteros, quiero saludar a todas las madres venezolanas y enviarles un mensaje como madre uruguaya que sufre desde hace tres años la separación de mi hija. Ella es Elena Quinteros, secuestrada en la embajada de Venezuela por la Policía uruguaya, quien violó la soberanía venezolana y el derecho de asilo internacional. He sentido durante estos años la solidaridad de todo el pueblo venezolano, de quien recibo todo el apoyo que necesito para lograr la entrega de mi hija al gobierno de Venezuela. Pero quiero que reciban con mi saludo el de miles de madres uruguayas que sufren la prisión de sus hijos y también su desaparición. En este día también debemos sentir el dolor de esos niños separados prematuramente de sus padres, ya sea porque éstos se encuentran encarcelados o desaparecidos, o porque ellos también han sido secuestrados. Este es el caso de nueve niños, cuyas edades oscilan entre las pocas horas de nacidos, veinte días y cinco años. Cuando reciban el beso tierno de vuestros hijos, recuerden a esas madres y estos hijos que les desean en este día que sigan gozando de esta gran libertad, que hace años a nosotros nos han arrebatado. Fraternalmente, reciban el saludo de todas las madres uruguayas en mi persona”.
[9] Entre otras, la Federación de Centros Universitarios, el Comité de Solidaridad Internacional, el Centro de Estudiantes de Psicología de la Universidad Central de Venezuela y la Confederación de Educadores Americana.
[10] Nota firmada por José Ricardo Eliazar, en El Diario, de Caracas, del 11-V-79.

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