jueves, 8 de julio de 2010

SEGUNDA PARTE Capitulo VIII

VIII

¿UNA ESPERANZA?

(1979) Mientras continúan las minidevaluaciones, en febrero de 1979 el Banco Central anuncia que desde mayo la cotización del dólar variará diariamente. En las jerarquías castrenses asume como comandante en jefe del Ejército el teniente general Queirolo, ascienden a oficiales generales los coroneles Pedro Aranco, Yamandú Trinidad, José María Siqueira, Julio César Bonelli y Hugo Medina. Asume el general Manuel Núñez como ministro del Interior. Se crea el Consejo de Capacitación Profesional como persona de derecho público no estatal, que deberá proponer la política de formación profesional de acuerdo con las necesidades de la actividad productiva. La delegación del Colegio Interamericano de Defensa que llega a Montevideo declara que tiene por finalidad “dar educación intelectual a altos funcionarios militares del hemisferio. El objetivo –dice– es orientar a los alumnos en el sistema interamericano para cuando lleguen a puestos de responsabilidad”. Según el gobierno, las nuevas medidas económicas están orientadas a situar la inflación de 1979 en 36%. El jefe de la Armada Nacional, vicealmirante Márquez, declara que “quien me ofrezca ser candidato a presidente en 1981 debe estar loco”. En lo deportivo a Uruguay no le va mal, logra el tercer puesto en el II Torneo Mundial Juvenil de Japón. Clausuran la emisora CX 40 por dedicar un tema a los detenidos en diferentes establecimientos carcelarios. En un clima de algarabía popular por el triunfo del seleccionado juvenil en Japón, la dictadura argentina autoriza a una misión de 1a cidh de la oea a recibir a miles de personas, entre ellos los familiares de desaparecidos.[1] Días después Videla promulga una ley por la que “se autoriza a declarar muertos por presunción a las personas cuya desaparición fue denunciada entre el 6 de noviembre de 1971 y el 12 de setiembre 1979”.

* * *
En Venezuela asume la presidencia Luis Herrera Camping. Una entrevista del diario Clarín de Buenos Aires al flamante presidente fue reproducida en la prensa montevideana, titulada a dos columnas: “Venezuela desea reanudar relaciones diplomáticas plenas con nuestro país”.
Entonces Herrera Camping expresaba: “Nada es más deseable para mi gobierno que la normalización de relaciones diplomáticas con nuestro hermano país del Uruguay. Todos los pasos para el restablecimiento y la normalización de las relaciones diplomáticas con Uruguay estarán en la línea de acción de mi gobierno”.[2]
Adolfo Folle Martínez, el nuevo ministro uruguayo de Relaciones Exteriores que sustituyó a Rovira, declaraba que las expresiones de Herrera Camping: “Nos complacen enormemente y clarifican nuestra posición de futuro en cuanto a las relaciones entre nuestros dos países”.[3]
La renovación del partido de gobierno en Venezuela y sobre todo las manifestaciones de su titular no pasaron desapercibidas para la colonia de uruguayos radicados en aquel país. Representantes del pvp en Venezuela emitieron un comunicado de prensa en el que recordaban el pronunciamiento del Congreso venezolano que reclamaba a Uruguay la entrega de Elena. Sumaban a esa exigencia la libertad de Julio Castro, Lilián Celiberti, Universindo Rodríguez, Eduardo Bleier y Fernando Miranda.[4]
En marzo de 1979 Tota concurre a Ginebra para asistir a los debates de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. La onu se había constituido en un sitio muy importante de acción de las campañas contra las dictaduras de América Latina. Surge de la documentación consultada y de los testimonios recogidos que la organización de los distintos grupos de exiliados del Cono Sur, incluido el uruguayo, se produjo desde principios de la década del 70. Pero tambien es cierto que la incorporación, en 1976, de los militantes del pvp aportó sus ideas al respecto.
En torno a los organismos de Naciones Unidas se movilizaban por un lado los representantes de las dictaduras y por otro los defensores de los derechos humanos y familiares de víctimas del terrorismo de Estado. Los familiares jugaban un papel muy importante.
Antes de partir para Ginebra, Tota le escribe a Andrés Aguilar, jurista venezolano que presidía la cidh de la oea, pidiéndole que hiciera “...todo lo que esté a su alcance para que yo pueda encontrar a mi hija”.[5]
Un par de días después, la radio El Espectador de Uruguay entrevistaba al presidente venezolano, cuyas declaraciones eran recogidas por el diario El País, bajo el principal titular de su edición: “Alto concepto de nuestro país expresó presidente venezolano”. Sin embargo, el contenido de la nota echaba por tierra cualquier expectativa de normalización de las relaciones que no incluyera la solución satisfactoria del caso de Elena.
Según la versión transcrita por El País, el presidente venezolano declaraba: “He venido señalando que en mi gobierno, dentro de la tradicional política exterior de cordialidad y amistad de Venezuela con todos los pueblos del mundo y particularmente de Latinoamérica, dentro del respeto al pluralismo político, trataré de mantener sus relaciones con todos los países y ver superado dentro de lineamientos de decoro, de conveniencia y de dignidad nacional, los incidentes que hayan podido acontecer en el pasado con otras repúblicas”. Cuando el periodista le pregunta si es optimista al respecto, responde: “Yo soy por regla de juego optimista”.[6] Las versiones de prensa en Caracas eran más realistas que las uruguayas, titulando: “Venezuela condiciona la normalización de relaciones diplomáticas con Uruguay”.[7]
La labor de denuncias exigía contar con algunas instituciones desde las cuales sistematizar las tareas. Para eso Tota y sus compañeros pusieron en juego los pocos recursos materiales disponibles y un gran esfuerzo humano. Así se conformó el Secretariado Internacional de Juristas por la Amnistía en Uruguay (sijau) y la Asociación de Familiares de Uruguayos Desaparecidos (afude), que demostraron en esos años su eficacia.[8]
No era fácil para los familiares acceder y desempeñarse en el mundo de la diplomacia, donde se manifestaba y operaba el poder de los estados.
Tota debió cumplir y asumió la responsabilidad de llevar a esos ámbitos rígidos y cargados de protocolos, su sencillez y su sabiduría.
Así, en Ginebra, como lo haría muchas veces en su trajinar por diversos países denunciando a la dictadura, Tota no vaciló en encarar a los representantes de la dictadura, que buscaban allí contrarrestar los efectos de las campañas de denuncia.
El 2 de marzo Tota recorría los largos pasillos del edificio donde funcionaba la Comisión de Derechos Humanos de la onu. Allí también se encontraba el subdirector del Ministerio de Relaciones Exteriores de la dictadura, Carlos Giambruno.
En el Palacio de las Naciones Unidas “...se me apersonó el representante uruguayo, señor Giambruno. Dijo hablarme en tono personal y me habló de la posibilidad de entregar a mi hija al gobierno de Venezuela y en esta forma se reanudarían las relaciones. En su conversación reconoció que el régimen uruguayo mantenía a mi hija secuestrada sin revelarme en qué lugar del Uruguay la tendrían oculta”.[9]
Documentos de archivo de afude registran que Giambruno afirmó que Elena estaba viva y que existía la posibilidad de que fuera llevada a la frontera con Argentina o con Brasil para hacrla aparecer luego detenida en una cárcel de alguno de esos países. El gobierno uruguayo podría negociar así el restablecimiento de relaciones con Venezuela sin una aparente claudicación.[10]
Seguramente la experiencia diplomática le fue de utilidad a Giambruno para encarar a esa mujer que lo escuchó apoyada en su bastón y que no dejó traslucir el impacto de aquellas palabras.
¡Una información sobre Elena! ¿Elena vive?
Cuando Tota pudo trasmitir a sus compañeros la conversación con el representante de la dictadura, las preguntas no se hicieron esperar. ¿Decía Giambruno la verdad? ¿Qué objetivos buscaba? Parecía claro que no podía haber dicho lo que dijo sin un objetivo preciso.
Era indiscutible la importancia que tenía para la dictadura la reanudación de sus relaciones con Venezuela. También lo era que sólo se podía hacerlo cumpliendo una exigencia hasta ese momento irrenunciable para Venezuela: entregar a Elena. ¿Acaso no habían aparecido los secuestrados en julio del 76 en Argentina? ¿No había también aparecido algunos de los secuestrados en setiembre y octubre? ¿No habían aparecido recientemente en Chile los hermanitos Julien? ¿Por qué no, Elena?
La dictadura había liberado detenidos y había mantenido con vida a algunos secuestrados. Pero los sobrevivientes liberados en Argentina y en Uruguay y los confinados en cárceles de Uruguay habían sido –salvo algunas excepciones como José Félix Díaz– piezas fundamentales en denuncias contra el Plan Cóndor. La excepcionalidad que comprendía al Gallego llenaba de amargura a Tota. Su ex yerno guardaba silencio sobre muchas cosas que sabía.[11]
Los milicos sabían –pensaba Tota– que Elena en cuanto se lo permitieran las circunstancias sumaría su voz a las denuncias contra la dictadura. La posibilidad de hacer aparecer a Elena de una forma que le permitiera reanudar las relaciones les implicaba pagar el precio político de las denuncias de Elena.
¿Pretendería la dictadura el silencio de Elena, de Tota, del pvp? Nada le habían planteado a Tota. Elena no lo aceptaría, de eso estaba segura.
Quedaba claro, aunque no oficialmente, que Elena estaba en poder de la dictadura[12] y que si la hacían aparecer negarían que fuera ella la protagonista del incidente en la embajada. La entrega de Elena no sería así un requisito para el restablecimiento de las relaciones entre ambos países. Quedaría como cierta la información de la dictadura respecto de que Elena había salido del país y había sido detenida en el extranjero.
De concretarse esa “salida”, también se fortalecería la versión del régimen uruguayo con relación al caso de Julio Castro, según la cual también él también había abandonado Uruguay. A esa altura, las denuncias sobre el caso de Castro estaban afectando en todo el mundo la ya maltrecha imagen de Uruguay.
Todo estaba bien pensado, pero para que cerrara faltaba algo importantísimo: el silencio de Elena.
[1] Desde Uruguay concurrieron familiares de uruguayos desaparecidos en Argentina y contaron con el apoyo de Milton Romani y Alberto Correa, militantes que permanecían en Argentina.
[2] El País del 17-III-79.
[3] El Nacional del 18-III-79.
[4] El Nacional del 19-III-79.
[5] Carta manuscrita que integra los archivos de Tota y el pvp.
[6] El País del 19-III-79.
[7] El Nacional del 20-III-79.
[8] En Uruguay, el proceso de organización de los familiares de desaparecidos tendrá formas incipientes hasta que la entrevista con la cidh en Argentina (1979) permite su consolidación como Madres de Uruguayos Desaparecidos en Argentina. Los familiares de desaparecidos en Uruguay recién lograrán una forma de organización a partir de los años 80, en torno al Servicio de Paz y Justicia (serpaj). El regreso del exilio posibilitó posteriormente que los integrantes de afude confluyeran en las organizaciones existentes.
[9] Testimonio de puño y letra de Tota Quinteros, sin fecha pero que se atribuye al año 1979.
[10] En la ficha de afude se lee: “El 2 de marzo de 1979 el embajador y representante de Uruguay ante la Comisión de Derechos Humanos de la onu en Ginebra y entonces director de Política Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores en oportunidad del 35 período de sesiones de la comisión, le dijo a la madre de Elena Quinteros Almeida, la señora María del Carmen Almeida de Quinteros, que su hija vivía, que había sido sacada de la embajada por personal de la Policía y Ejército y que la mantenían presa y que estaban buscando la manera de desligar responsabilidades”. Sin embargo, en la carta que Tota le envía a Giambruno, el 5-VII-79, sólo hace mención a que “En la conversación que mantuvo conmigo el 2 de marzo pasado me dijo que en un plazo no muy largo me enviaría noticias sobre la situación de mi hija Elena”. En una carta manuscrita de Tota a Andrés Aguilar, de marzo de 1979, expresa que “reiteradamente me han llegado de Uruguay, a través de personas que la han visto siempre en lugares diferentes, lo que da la pauta que el régimen uruguayo, en su empeño de seguir negando su participación en el hecho, quiere borrar las huellas que indican que mi hija está presa”.
[11] Entre otras, su tramitación ante la justicia uruguaya de una causa de divorcio contra Elena, cuando estaba desaparecida.
[12] En diciembre de 1979, en un artículo publicado en El Diario, en Uruguay, titulado “Herrera Camping: Cuba sí, Uruguay no”, en el que se comentaba un incidente ocurrido en la sede diplomática venezolana en La Habana, se afirmaba: “Porque no debemos olvidar el episodio ocurrido en Montevideo con una sediciosa detenida por nuestra Policía, cuando pretendía asilarse en la embajada de Venezuela”.

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