martes, 6 de julio de 2010

SEGUNDA PARTE Capitulo X

X

LOS NIÑOS ABANDONADOS EN CHILE


Nuevamente en Francia, Tota espera noticias sobre reacciones del gobierno uruguayo ante la negativa de Venezuela a reanudar relaciones sin que se dé satisfacción a sus demandas.
El 25 de mayo el diario El País daba cuenta de que en un programa televisivo en Canal 12, Carlos Giambruno había afirmado que “existe optimismo en cuanto a la normalización de las relaciones entre Venezuela y Uruguay”.
El 5 de julio Tota le escribe a Giambruno preguntándole: “¿Debo tomar esas palabras suyas como confirmatorias de que Uruguay está dispuesto a entregar a Elena a Venezuela? La rotunda afirmación frente al pueblo uruguayo hecha tan sólo a 13 días de mi entrevista con el señor presidente (de Venezuela), hace suponer que se ha comenzado a pensar en la entrega de mi hija a Venezuela, es así como yo interpreto sus palabras y espero no equivocarme”.
1979 había sido declarado Año Internacional del Niño, y en el marco de una importante campaña por el rescate de los menores desaparecidos, Tota logra que se publiquen en Venezuela las fotos de los niños Julien. Identificados por una chilena que se encontraba de tránsito en ese país, pudieron ser recuperados.[1] Se abrió entonces la expectativa de que otros niños desaparecidos hubieran corrido la misma suerte que Anatole y Victoria.[2]
De acuerdo a lo que dijo el propio Anatole y según eltestimonio de Alicia Cadenas, no se descartaba la posibilidad de que Mariana pudiera estar también en Chile.
Cadenas afirmaba: “En una fecha que aproximadamente situamos entre el 18 y el 23 de noviembre, viajaron a Chile dos guardias para, según decían, hacer un curso de inteligencia militar. Uno de ellos era el escribiente del mayor Gavazzo. Le decían Mauricio o ‘el flaco’ Mauro. El otro que viajó con él a Chile aparece en la foto de los diarios del 30 de octubre de 1976, en una toma del chalet Susy donde supuestamente habían sido detenidos varios compañeros secuestrados en Argentina. Había sido estudiante de derecho, vinculado a la represión desde el año 1972 y había pertenecido a la guardia metropolitana. Fue ascendido a cabo ese año”. Agrega que “hacia fines de setiembre de 1976, o mediados de octubre, los que estábamos en ese momento en el sótano de la casa de Bulevar Artigas y Palmar comenzamos a oír en el patio de la casa (no podía ser en casas vecinas ya que el ruido era cercano y las casas en esa zona son de tipo residencial, rodeadas de grandes jardines) ruido de niños jugando. Por el tipo de juegos, voces, risas, etcétera, pensamos que serían niños de entre dos y siete años aproximadamente. Y más de un niño, por lo menos dos... Los militares que nos custodiaban, cuando se dieron cuenta que nosotros oíamos, y como todavía no teníamos ni idea de dónde estábamos, nos dijeron que arriba tenían una policlínica y que por eso oíamos voces de niños. Esto habrá durado como mucho una semana, quizás quince días, ya que después no oímos más a esos niños ni supimos más nada de ellos”.
Posteriormente, los testimonios de los sobrevivientes de Orletti que habían estado en el local del sid contribuyeron a que se pudiera ubicar a la hija de María Claudia García y Marcelo Gelman. Dice Sara Méndez: “En horas de la noche, oímos a un soldado hablar por teléfono. El teléfono estaba en una habitación casi enfrente de la nuestra, y sentimos cuando trasmitía síntomas evidentes de la proximidad de un parto. El soldado repite las indicaciones que del otro lado de la línea le dan. Traslado de la mujer y entrar por el portón de la calle Centenario, creo que indica el número del portón”. En su testimonio Alicia Cadenas relata: “Los oímos decir ‘necesitamos un colchón para la embarazada’ (...) Un día, a fines de octubre o principios de noviembre vino un guardia a preguntarnos cómo se preparaba una mamadera. Aparentemente tenían un bebé en el piso de arriba. Yo lo asocié con lo que había oído antes de la embarazada. A los pocos días yo estaba haciendo un osito de trapo y un guardia me lo pidió. Le dije que no porque creí que era para uno de los hijos de él y me contestó ‘no, es para un nenito que tenemos arriba y no tiene juguetes’ (...) Marta Petrides recuerda que un día, a fines de noviembre, en que nos sacaban a tomar sol, vio en una de las ventanas del piso de arriba de la casa una mujer con un bebé de entre cuatro o cinco meses. Esto sólo lo vio ella. Si esa era su edad, era imposible que fuera nacido en la propia casa (como lo sugerían las informaciones dejadas caer por los guardias acerca de la embarazada) y por el contrario coincidiría con la de Simón, nacido el 22 de junio... En cuanto al bebé que sabíamos estaba en el piso de arriba, primero pensamos que podía ser el hijo de Sarita. Ella misma barajó esa idea, pero después la descartamos, no recuerdo a raíz de qué dato”.
Mientras tanto, Álvaro Nores había tenido una entrevista en Canadá con Mauricio Gatti, el padre de Simón. Según Nores, su hermana María del Pilar, sabía mucho de todo eso. Que la mayoría de los desaparecidos fueron llevados a Montevideo. Eso último, por aquellos días, parecía estar reafirmado por dos versiones de detenidos que habían sido liberados, que decían que en Montevideo habrían estado la madre de Mariana, la madre de los Julien, Washington Cram y Cecilia Trías.[3]
El 22 de octubre inicia sus sesiones la Asamblea General Ordinaria de la oea en la ciudad boliviana de La Paz, sin que se tuvieran novedades sobre Elena y sin que se hubieran restablecido las relaciones entre Venezuela y Uruguay.
En la cidh se habían radicado numerosas denuncias sobre violaciones a los derechos humanos[4] y su informe acusó a la dictadura uruguaya de reiteradas violaciones a los mismos consistentes en arrestos ilegales, malos tratos, torturas, muertes, desapariciones y operaciones militares y policiales en países extranjeros.
El 30 de octubre el periódico El Diario, de La Paz, publica en primera página una foto del embajador Lupinacci junto a los representantes de Brasil y Chile. Unos días antes otro diario boliviano, Última Hora da cuenta de que el informe del caso uruguayo se prolongó más allá del horario previsto y continuaría por la tarde. El informe de la cidh establecía: “Aún persiste la situación que justificó su primer informe (en 1978), así como los motivos para obtener la anuencia del gobierno de Uruguay para una observación ‘in loco’ de una comisión especial de la cidh (cuyo ingreso no fue permitido anteriormente). Se justifica esa conclusión por las denuncias sobre arrestos ilegales, detención arbitraria, secuestro y desaparición practicados por las fuerzas policiales uruguayas tanto en el interior como en el exterior del país con la presunta colaboración de las autoridades policiales de otros países”.
Uno de los hechos en que se habían centrado las denuncias contra el Estado uruguayo era el secuestro en Porto Alegre de Lilián Celiberti y Universindo Rodríguez, documentado por el propio testimonio de uno de los militares que participaron en el mismo.[5] Sin embargo, el delegado uruguayo Giambruno negó la acusación, señalando que Celiberti y Rodríguez habían sido detenidos en la frontera cuando intentaban ingresar a Uruguay con documentación falsa.
El informe de la cidh era una derrota para la dictadura. El presidente de la delegación uruguaya amenaza con el retiro de Uruguay, lo que finalmente no se concretará. En nombre de la dictadura Giambruno denuncia que “se registró una permanente actividad de los detractores de Uruguay, quienes han entregado material falaz (...) a las distintas delegaciones”.
Sin embargo, pocos meses después, el 29 de diciembre, el Ministerio de Defensa[6] se apropia del apartamento de la calle Massini donde vivía y fue detenida Elena, entregándoselo a la División Ejército I, de acuerdo a una ley que establecía que los bienes incautados en la lucha antisubversiva podían ser expropiados a favor de las unidades militares responsables de los operativos.[7]
Era el reconocimiento de la participación de la Región Militar Nº I, por intermedio de una de sus unidades, el Batallón de Infantería Nº 13, en la detención de Elena.[8]
El año 1979 finaliza sin novedades acerca del paradero de Elena. Tota solicita la intervención del Comité Internacional de la Cruz Roja.
[1] Últimas Noticias, de Caracas, 4-II-85.
[2] Ante la posibilidad de que Simón Riquelo pudiera haber sido llevado a Chile, el padre de Sara Méndez viaja allí. Carta del 17-X-79 dirigida a familiares de Mariana, que integra los archivos del PVP.
[3] Estas versiones se atribuían a Beatriz Castellonese y Élida Álvarez.
[4] El 27-XII-79, desde Suecia, Enrique Rodríguez Larreta se dirige a la cidh planteando las dificultades que enfrentan los denunciantes. En su caso (denuncia número 2155), se refería no sólo a lo que le había ocurrido a él ni exclusivamente a hechos sucedidos en Argentina, sino que se refería también a Uruguay. Sin embargo, su testimonio fue tratado como un caso aislado y referido exclusivamente al Estado argentino. Rodríguez Larreta culminaba cuestionando la lentitud en la tramitación de las denuncias en un procedimiento “que se refiere a temas de tanta gravedad, a través de los cuales se ofrecen elementos que pueden dar lugar a la localización, ubicación o aparición de seres humanos que figuran como desaparecidos, o a la liberación de presos ilegalmente confinados”.
[5] El ex soldado de la compañía de Contrainformación del Ejército, García Rivas.
[6] A través de la sentencia Nº 227, del 29-XII-79, del Juzgado Militar de 1º Turno, a cargo del coronel retirado Raúl Rosende.
[7] Ley 14.373 del 13-V-75, aprobada por el Consejo de Estado.
[8] Los documentos sobre esta apropiación fueron incorporados en 1987 a la denuncia penal presentada por Tota ante el Juzgado de 1º Turno, en momentos en que la justicia penal reclamaba competencia en el tratamiento de la denuncia.

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