lunes, 5 de julio de 2010

TERCERA PARTE Capitulo I

Tercera parte









“Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Miguel Hernández

Tercera parte

I

EL CERCO A LA DICTADURA

(1980) El intento de la dictadura de legitimarse mediante un plebiscito fue derrotado en 1980. Con el 57.2% de los votos, el No se impuso al 42.7% del Sí. A esto se llega después de un largo proceso iniciado en julio de 1979, con un planteo de los militares a sus socios civiles.
En México, en busca de profundizar el aislamiento de la dictadura, se forma la Convergencia Democrática. En abril la dictadura concreta la elaboración de unas “Pautas constitucionales”, que serán finalmente aprobadas por una suerte de asamblea constituyente integrada por el Consejo de la Nación y el Poder Ejecutivo a fines de octubre. El proyecto de Constitución a plebiscitarse en noviembre institucionalizaba la injerencia de las Fuerzas Armadas en el aparato estatal y se establecía que en las elecciones para 1981 habría un solo candidato a la Presidencia de la República. Se moviliza la situación política en Uruguay.
Los triunviratos blanco y colorado, a la vez que acuerdan rondas de conversaciones con los militares, establecen pautas sobre el restablecimiento institucional.[1] Se materializan pronunciamientos en contra de las Pautas constitucionales.[2] La dictadura inicia una fuerte campaña a favor de las mismas, en la que los consejeros de Estado recorren el país consultando a las fuerzas vivas. Son detenidos varios políticos opositores.[3]
El Partido Nacional, el Colorado, el Demócrata Cristiano (pdc), y la izquierda –con las limitaciones de su ilegalidad– inician la movilización contra al proyecto de reforma constitucional con reuniones en casas de familia y parroquias promoviendo el voto por No. Seguirán actos en locales cerrados.
Se mantienen contactos entre los partidos tradicionales y los militares. Declaraciones de Queirolo dejan en claro la falta de disposición de los militares a negociar.[4]
Fracasa el Partido Colorado al querer sumar a Jorge Pacheco Areco al No. Se aprueba el Acto Institucional Nº 10, por el que se resuelve que una mayoría simple de votos válidos daría aprobación al Sí. Queirolo afirma que “cualquiera sea el resultado, el proceso de reconstrucción nacional no será afectado en su continuidad por la incomprensión o la acción destructiva de los enemigos de la patria”. Se habla de la existencia de planes subversivos en Uruguay.[5]
El 30 de noviembre es derrotada la dictadura en el plebiscito. Los votantes del Sí no festejan. Jorge Batlle se dirige a los militares diciendo que “el resultado del plebiscito no debería aparejar un cambio en la intención de entregar el gobierno y su deseo de que la salida sea por intermedio de un diálogo entre ambas partes”.[6]

* * *
El régimen siempre había invocado una supuesta legitimación democrática. Se autodefinía como “un paréntesis después del cual volverían a implantarse las instituciones democráticas, depuradas y mas aptas para combatir a sus enemigos internos”.
La convocatoria del plebiscito llevó a los militares a enfrentar las aspiraciones democráticas del pueblo uruguayo. Este riesgo, que finalmente desembocó en la primera derrota del régimen, fue percibido por algunos voceros de los partidos tradicionales, que sostenían que se debía postergar la consulta, ya que el proceso de restauración democrática debía ser recorrido en pasos más controlados para evitar sorpresas. La insistencia del régimen en realizar la consulta popular le valió que mereciera la frase de García Márquez en referencia a Franco: “Esto te pasa por preguntón”.
Lo cierto es que a partir del plebiscito “se inició la primera gran experiencia política de masas de los últimos siete años, que devolvió un espacio para la militancia a sectores politizados, pero hasta el momento apáticos, y lanzó el debate público a nuevas camadas de jóvenes políticamente inquietos”.[7]
El frente de denuncias en el que trabajaba Tota debía implementar ahora algunas líneas de acción nuevas en la lucha por los desaparecidos. Ese aspecto constituía una cuestión “de principios y una cuestión política. Los tenaces esfuerzos realizados a lo largo de estos tres años y medio deben intensificarse en el curso del 80. El tema de los desaparecidos debe irrumpir en el debate político con toda la fuerza de la verdad. Una vez más debemos redoblar esfuerzos por romper el muro de silencio frente al tema y exigir una definición. Las condiciones de debate controlado y reglamentado que la dictadura cívico-militar intenta imponer, debemos forzarlas para exigir que el tema sea conocido. El 80 será también un año que va a atraer cierta atención internacional sobre el país; es el momento de relanzar las presiones y las fuerzas que con tenacidad se han ido acumulando en el plano de la lucha por la amnistía y en torno a los desaparecidos. En el 80 el tema de los desaparecidos tiene que estar presente con toda su fuerza, para poner ante el pueblo uruguayo los crímenes de la dictadura cívico-militar y sus procedimientos terroristas”.[8]
Después del plebiscito, el régimen debe comenzar a hacer algunas concesiones y pensar en un repliegue ordenado. En ese marco autoriza la visita de la Cruz Roja Internacional a las cárceles.
La dictadura era consciente de los efectos que producían en distintos ámbitos internacionales las denuncias de los familiares de las víctimas y la oposición desde el exilio. Intentaron obstaculizar la labor de Tota quitándole, como lo habían hecho con Zelmar Michelini en 1976, el pasaporte uruguayo.
Cuando Tota debió renovar su pasaporte, el cónsul uruguayo en París, Julio Moreira, le comunicó que el Ministerio del Interior se lo negaba. El 23 de abril, en una extensa carta al ministro, general Manuel Núñez, Tota protesta por la negativa y reclama que se le comuniquen por escrito las razones.[9]
En los primeros meses de ese año, cuando el presidente venezolano visita Francia, Tota aprovecha la oportunidad para “poner en su conocimiento los últimos detalles” del caso de Elena, más allá de mantener “un contacto casi permanente con colaboradores suyos, de los cuales recibo todo el apoyo y comprensión que me pueden brindar”.
El 25 de febrero de 1980 Tota, que había logrado la representación de la ong Pax Romana ante Naciones Unidas, realiza una intervención, en presencia del representante de la dictadura Giambruno, en la que informa que en abril de 1979 “el embajador de mi país en Estados Unidos me dijo que mi hija estaba viva y presa” (...) “también que el representante en esta comisión del país cuyos funcionarios secuestraron a mi hija me informó, el 2 de marzo de 1979, en este mismo palacio de Naciones Unidas, que mi hija estaba presa y que sería entregada al país de cuya embajada había sido secuestrada” (...) “me dijo a su vez que después de un mes él me daría nuevas noticias de mi hija”.
Solicita entonces a la Comisión de Naciones Unidas que le exija informes a Giambruno y que se establezca un mecanismo apropiado que pueda actuar de una manera rápida y flexible para poner freno a la desaparición forzada, para encontrar a los desaparecidos e individualizar a los responsables. “La gravedad del fenómeno –alertaba Tota– y la imposibilidad de darle fin muestran que un mecanismo nuevo y eficaz debe ser rápidamente establecido por las Naciones Unidas. Así, de esta manera se escucharía el llamado de los familiares que buscamos desesperadamente a nuestros seres queridos”.
El representante de la dictadura no pudo soslayar la alusión de Tota. Utilizando el derecho a réplica, Giambruno contesta que siempre que se le había pedido información acerca de Elena Quinteros, la contestación fue que no se tenían noticias oficiales. Que el gobierno uruguayo realizó una “acuciosa”[10] investigación para establecer quiénes eran los culpables de esa desaparición, incluso su vehemencia lo llevó a recurrir al auxilio de la opinión pública y de la prensa. Que ese “es probablemente el único episodio de desaparecimientos que existe en nuestro país.[11] Tamaña falsedad bastaba para desacreditar sus afirmaciones posteriores acerca de que se sintió “solidarizado del punto de vista humano ante la búsqueda que esta madre desde hace años sigue haciendo de su hija” y su posterior versión de la entrevista del 2 de marzo de 1979 con Tota.
Según Giambruno, en aquella oportunidad había dicho que “procuraría ponerme en contacto con todas las organizaciones de seguridad a los efectos de establecer si existe la posibilidad de encontrar a la señora Quinteros”. Que eso había hecho y que es lo que seguirán “haciendo en la esperanza de que pueda aparecer y que podamos nosotros tener la felicidad de comunicar a esta madre que hemos encontrado a su hija”. Y termina “que en este y en otros casos, la colaboración de las autoridades de mi país estará siempre presente, porque el sentido humano de este problema que afecta a los familiares de aquellas personas que desaparecen sin que sea posible saber cuáles son esas causas, es una de las razones que motivan nuestra intervención”.
[1] Carlos Julio Pereyra, Dardo Ortiz y Jorge Silveira Zabala por los blancos y Jorge Batlle, Raumar Jude y Amílcar Vasconcellos por los colorados se reúnen con los generales Abdón Raimúndez y Manuel Núñez. En una declaración conjunta, blancos y colorados reafirman la decisión de bregar por el retomo a una democracia auténtica, representativa y pluralista, basada en el sistema de la separación de poderes, con plena vigencia de la libertad, la igualdad y la justicia.
[2] El 11-VI-80 Jorge Battle lo hace por radio Montecarlo. Desde Londres, Ferreira Aldunate, el 19-IX-80, se pronuncia por el No. Aparece en noviembre el semanario colorado Opinar, que realiza una importante campaña por el No.
[3] Jorge Batlle, Carlos Julio Pereyra, Dardo Ortiz, Amílcar Vasconcellos y Arrumar Jude, el 14-VI-80.
[4] El 8-IX-80 Queirolo afirma: “A los ganadores no se les pide condiciones”.
[5] El general Rapela denunciaba la existencia de un plan del llamado sector “seispuntista” del mln en el penal de Libertad.
[6] Carta de Jorge Batlle al general Raimúndez, del 3-XII-80.
[7] “Balance y perspectivas ante la nueva situación política”, artículo del pvp, mayo de 1981, en La lucha contra la dictadura, editorial Compañero, 1992.
[8] “Pensamiento sobre la táctica”,artículo del pvp de 1980, en La lucha contra la dictadura, editorial Compañero, 1992.
[9] Copias de esa carta fueron cursadas al cónsul uruguayo en París, al titular de la Dirección de Derechos Humanos de la onu Theo van Boven, al secretario general de la misma, Kurt Waldheim, y al Grupo de Expertos de la Comisión de Derechos Humanos sobre Desaparición de Personas.
[10] El adjetivo usado por Giambruno es equivalente a diligente, solícito, movimiento por deseo vehemente.
[11] A esa fecha, en Uruguay ya se habían perpetrado los casi dos centenares de desapariciones forzadas.

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